miércoles, 30 de noviembre de 2011

Otra tanda de Cortos de Valerio


Casi nunca las biografías nos dejan ver al biografo de puertas adentro.

Humoristas de felices viñetas de la niñez: En DDT, Pulgarcito, etc. Había en justicia que recordarlos un poquito más.


Habría que colocarlos en el catálogo de la mejor literatura de la época de Franco, que no en la franquista.



 A Cela, o Delibes, en comparación los leía muy poca gente.


El que se hiciera como niño, viviría en la bondad, que se transformaría en depravación al ser abusado, comido, devorado por los habitantes de este mundo, nada partidarios de las Bienaventuranzas.


El deseo sexual es una tremenda servidumbre.


Toda escritura supone una incomprensión, a veces, muchas veces, radical.


En los claustros de profesores se hizo un magnifico humorista.



Reunión de escritores. Alrededor de veinte. Van cayendo muertos al terminar de leer sus escritos. Sólo sobrevive el camarero, que ha redactado dos novelas y un poemario y ha tenido el buen sentido de no dárselo a leer a nadie.




Las críticas sutiles no hacen daño más que los que de verdad se duelen.



Buero Vallejo, la profundidad negativa.



Tipo engominado, malvado nada camuflado.





Leer mal a los filósofos resulta sumamente peligroso. Ahí está la historia para demostrarlo. Pero, por otra parte, me parece una cosa inevitable.


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